1ª División | Gladiador sin espada en el Coliseum

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El Málaga está gris. Esta noche salió al Coliseum Alfonso Pérez sin armadura, desprovisto de espada y sin ese corazón que otrora palpitaba haciéndonos vibrar. Eran otros tiempos. En realidad no hace tanto tiempo de ello.

Apenas hace medio año, el Málaga era otro. Tenía gacelas que corrían por el verde del césped, que esquivaban cualquier estorbo hasta llegar a su objetivo. Tenía al ratón, escuálido y veloz, que se escabullía por cualquier rincón con tal de toparse con la madriguera, formada por tres postes enredados. Tenía un timón, que manejaba el barco y que surcaba el oleaje, arriba y abajo, de este a oeste. Aquello se esfumó. No queda nada.

Así, carente de sus armas, el Málaga de Javi Gracia intentó imponerse a un Getafe que no sabía lo que era puntuar. Renovado, enfundado en un nuevo pelaje, los blanquiazules intentaron salir a por todas pero la realidad fue otra. El golpe fue directo al mentón. Nada más salir, un error en el centro del campo y un Albentosa que recularía más de la cuenta acabaría en el tanto azulón. Víctor Rodríguez empujaba al central hasta el interior del área para colgar una pelota que cabecearía a la perfección  Scepovic en el minuto 2. Como se suele decir, al día siguiente dolería más.

La respuesta no llegaría. El tiempo pasaba y el Málaga seguía siendo una sombra de sí mismo. De un conjunto que no volverá. Llegará otro, diferente, mejor o peor, pero del que todos recordamos tan recientemente no queda nada. Amrabat sigue empeñado en describirnos como era en cada pelea o en cada galopada por el carril diestro acaban en un centre tan característico suyo con su pierna derecha. Su diestra sería motivo de llanto para algunos, el arma más ‘mortífera’ de este equipo acabaría sustituida tras el descanso por un  esguince del ligamento externo del tobillo derecho. Algo trágico en un combate de vida a muerte en el que ya habías recibido la primera estocada.

Las acciones ofensivas del Málaga carecían. No se llegaba con claridad sin su hombre-tanque arriba. Horta dejó escapar alguna dote de aspirante a ‘capitán’ que se desvaneció al poco tiempo. Recio y Tissone, al igual que ante el Eibar, se mostraban incapaces de generar fútbol más allá de desplazamientos horizontales sin profundidad. No rompían líneas, no eran peligrosos para el rival. La aportación de Cop fue pobre. Más allá de su predisposición para la movilidad, su participación con el balón en los pies fue discreta y errática.

La entrada de Tighadouini y de Juan Carlos dejó ver que el Plan B no es una oda a la revulsión. El marroquí dispuso de algo más de media hora en la que se mostró atrevido, buscando siempre el regate y sortear defensores. No fue productivo pero al menos pareció menos verde de lo que se le presumía. Juan Carlos no pudo aportar mucho en los 10 minutos que estuvo sobre el césped por un deshidratado Boka. El tramo final blanquiazul quedó lejano al esperado. Sin reacción, toca esperar a un toque divino. Este año toca sufrir. La culpa ya sabemos de quién es.

Foto: Diario AS – Alberto Martín.