Blog FC | Cuando el talento vence a los centímetros

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Pequeños grandes jugadores. Cuerpos finos, camisetas pequeñas que resultan grandes. Pies pequeños. Pies explosivos. Miniaturas preciosas, pequeños genios. La ‘bajeza’ se abre paso en el fútbol moderno del tercer milenio, futbol de espaldas anchas, piernas largas y músculos que nos hacen ver la tele de plasma más grande. El Pocho Lavezzi, Giuseppe Rossi, Ribery, Rosina, Foggia, ‘la pulga’ Messi, Iniesta, Agüero, Giovinco y Buonanotte: los jefes de la banda. De arriba a bajo, del 1’73 de Lavezzi al 1’60 de Buonanotte, entre medias clase a raudales, magia pura, regates interminables, ganas de no crecer, sólo de ponerse de puntillas para parecer más altos. Triunfan porque han sabido hacerse. Son rápidos, veloces, imprevisibles porque, como dijo aquél, si eres bajito tienes el cerebro más cerca de los pies y no derrochas tiempo pensando. Nos gustan porque vuelan alto, pero nos aguardan la sorpresa un poco más abajo, en la hierba, donde el fútbol todavía parece ser jugado por humanos, no de robots creados en laboratorios. El más grande de los pequeños (¿hace falta decirlo?) ha sido Diego Armando Maradona. Altura declarada: 1’68 m, en los terrenos de juego, porque cuando Diego se quitaba las botas, apenas llegaba al 1’66. El director de la Gazzetta le llamó cariñosamente “aborto divino”. En el fondo, Maradona es la demostración de que el fútbol es el deporte más ‘democrático’ que existe, porque si alguien como Maradona (bajito y con tendencia a engordar) es, casi por sufragio universal, el mejor del mundo, significa: 1- El Dios que distribuye el talento sabe de justicia; y 2- Hay esperanza para todos. ¡Viva los bajitos!.