Campus FC | Adrián Becerra: ‘Lo que el ojo no ve del Campus de Élite FC’

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“Pensamientos de este tipo, desterrados totalmente. Yo voy con la seguridad de que cuando vamos al campo, señores, vamos a ganar”, decía el eterno Don Luís Aragonés.

Seamos sinceros. Cuando alguien lee un titular como éste tiende a tener un pensamiento negativo: “A ver qué me van a contar o qué puedo encontrar sobre el Campus Élite de FútbolCarrasco”. Pues se equivocan. Con esa mentalidad no se puede saltar al terreno de juego. Con la conciencia inestable y temblorosa es complicado marcar gol. Las puertas del Campus en el colegio ‘Novaschool’ se abren de par en par con confianza, alegría y ganas de triunfar.

“Escúchenme bien. Nos ha llegado el momento después de, en ese caso, un año. Nos han metido palos de todo tipo. Vamos a demostrar lo que sabemos”, alentaba el gran ‘Sabio de Hortaleza’. Exactamente han transcurrido 365 días desde el momento en que comienza una semana de ensueño, en el que cada día se entrena como el último, como si fuera una final por conquistar.

Ya han arrancado los preparativos para una nueva edición que promete superar con creces a la anterior, pero seguro que aún no conoces los entresijos y secretos que se guardan en cada rincón durante siete días inolvidables. Pues bien, es hora de que descubras la magia del Campus Élite de FútbolCarrasco.

Desde la madrugada del chupinazo inicial, los hermanos Carrasco aguardan impacientes la llegada de entrenadores y equipo informativo–cámara, periodista y fotógrafa-. Tras el saludo entre abrazos, el ya conocido logotipo de dos jugadores golpeando el esférico se divisa reluciente en cada camiseta. Acto seguido, repasamos el terreno de juego o mejor dicho, las instalaciones del colegio. La travesía concluye en los vestuarios, aunque también se podría decir en el comedor de dicha residencia. Todos en silencio, comienza la charla previa al encuentro.

“Forman ustedes un gran equipo, una gran familia. Tenéis las capacidades necesarias para brillar en el terreno de juego. Lo único que os pido es que se esfuercen cada minuto y se diviertan enseñando”, afirman ‘El abuelo’ Aragonés y los hermanos Carrasco.

Con los nervios a flor de piel, llega la hora de recorrer el túnel de vestuarios, dar varios saltos, tomar aire y respirar. En primer lugar, no puede faltar el saludo con la afición, los padres y el jugador. Posteriormente, las maletas a la habitación, reparto de camas, búsqueda de amigos, esférico en acción y no se olviden que el futbolista debe ir con su equipación.

Ojo, que ya puede hacer el colegiado lo que le dé la gana, pero cuando suena el silbato varias veces, las palmas retumban al unísono. Cada vez más rápido hasta aplaudir. Qué bonita forma de enseñar indirectamente que al árbitro no se le puede recriminar nada, ¿Verdad?

“Quiero que disfruten jugando al fútbol, un jugador que se aprecie le dirá a otro que ha venido a hacer el Campus de su vida”, comentaba ‘El Sabio’. Y es que es así. Los más de 200 niños inscritos llegan con la mentalidad del esfuerzo, la superación, la concentración y el trabajo que se requiere para llegar a la élite. Cada noche, después de apagar las luces, entre pasillo y pasillo se forma una nueva reunión con la luz que emite el foco de un flexo de escritorio. Allí, se analiza el día, se prepara el siguiente y a descansar que cada jornada es más exigente.

Por la mañana, con legañas en los ojos suena el silbato. El partido ha comenzado. Los jugadores se dirigen a la bocana del comedor y dentro huele a energía. Si hace falta ayuda en la barra, todo el mundo se presta a darla. Que si vaso de leche por allí y tostada con mermelada por allá. Con respeto, organización, sueño y libertad.

Tras el desayuno, suena la voz de los Carrasco a través del micrófono para cuadrar a todos los jugadores en sus respectivos autobuses. Es hora de entrenar. Lo que no saben es que sus hijos son tan amantes del fútbol y la música que durante el trayecto hacia el terreno de juego, vociferan a golpe de silbato los principales temas del momento y los himnos de sus clubes favoritos. Es impresionante la concordancia, fuerza y conocimiento de las letras. Ojo que algún avispado me arrebata el micrófono de entrevistas. Ellos también son periodistas además de futbolistas.

Por la noche, el cansancio deja huella. Y lo que no saben es que, en una recóndita habitación, aún sigue encendida la luz. Si abres la puerta y echas un vistazo, se puede ver multitud de cables, cámaras, ordenadores y en primer plano: “Mi web, tu web y nuestra web”. Tres personas trabajan a destajo hasta la 1 de la madrugada para subir las últimas noticias, vídeos y fotografías con el objetivo de conceder a los padres los sentimientos que afloran a cada instante.

Entre tanta exigencia, hay tiempo para desconectar. La playa, el cine y el parque acuático. Son momentos anhelados por unos chavales agotados, que recargan las pilas con un cañón de agua y una buena película. Aún recuerdo el baile de todo el equipo de entrenadores en una de las zonas de piscina. Sonaba la música, pero el ritmo era del Campus.

La amistad y el cariño. Dos palabras que crecen a mayor escala paulatinamente. En poco tiempo, los niños que llegaron sin conocerse son ahora una familia. Algunos son más pillos y otros más tímidos, pero todos tienen protagonismo en las gradas de la pista de fútbol sala. La batalla de penaltis o de faltas, son un aliciente para poner el pabellón patas arriba. Si el último balón entra, no duden la que se lía.

A veces, los entrenadores también somos niños. No se imaginan la cantidad de bromas que se cocinan en la habitación, la cocina o la lavandería. Sin olvidar que el susto te lo quita Darío en la cafetería. Luego, abrazo y …. Para otro día.

Con esta historia llega la última jornada. Los hermanos Carrasco exigen la vuelta del libro de entrenamientos, en el que cada técnico ha seguido las indicaciones del ‘método Carrasco’ y apuntar las sensaciones de cada ejercicio. Entre sonrisas y lágrimas, vuelven los abrazos. Esta vez son de despedida. Después de una un partido de siete días intenso, divertido y sufrido, es hora de la última charla en el vestuario, en el pabellón, entre amigos, con consejo y un toque de ambición.

“Del subcampeón no se acuerda nadie. Nosotros hemos venido aquí a ganar y a meternos en la historia. Entonces vamos a ir con pensamiento positivo a por ella”, exclamó Don Luís Aragonés y matiza sus palabras algún Carrasco.

Fin de una experiencia inolvidable. Pero recuerden, siempre hay que andar con paso firme y confianza. El fútbol, es de listos y el Campus para los que quieran llegar a la cima.

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