Entrenador | Guillermo Motta, pasión por el fútbol

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En el fútbol base, solo hay que mirar por la ventana de la ilusión a través de los ojos fulgurantes de cualquier niño o niña para saber que su máximo objetivo es gritar ¡GOL! en un estadio abarrotado al mismo tiempo que miles de gargantas se dejan la voz clamando su propio nombre. En el fútbol base, estas pequeñas grandes metas corren por el césped dejando caer hasta la última gota de sudor para conseguir lo que un segundo padre les dice que deben hacer para obtener ese sueño. Porque ya lo dijo una vez “El Loco” Marcelo Bielsa: “Un buen entrenador debe acercar a sus jugadores a su máximo potencial o descubrirlo. Esa es su principal función”.

Guillermo Motta, imparte sus clases de puro fútbol en la ciudad que pende de un acantilado, Ronda. En su séptima temporada, se ha convertido en ese padre que te ayuda a superarte, a seguir buscando el gol cuando tu mente y tus piernas no pueden más, y así es, cuando un jugador escucha su típico: “¡Vamos, dale, dale!” se carga automáticamente de energía y la derrota se transforma en conquista. Por eso, es la pieza que afila y perfila las garras de sus futbolistas. Aquellos cientos que han tenido la oportunidad de aprender a sacar esa batería oculta con sus charlas antes de salir a comerse el campo y de experimentar su propio progreso siendo mejor tras cada entrenamiento, coinciden en lo mismo: el fútbol de los pies al corazón, pasando por la formación.

Después de tanto tiempo, parte de sus latidos se han tornado del color amarillo para seguir bombeando cada día con las mismas ganas que lo ha hecho hasta ahora, haciendo que el deporte de veintidós jugadores y un balón cale hasta las entrañas. Porque Guille, lee fútbol, aprende fútbol, enseña fútbol, escucha fútbol y siente pasión por el fútbol.

Fotos cedidas por Diego Battioli.