Fútbol | Mucho más que 90 minutos

Fuente foto: Juanita Luque

Llega el fin de semana y con él, un calendario repleto de partidos a todos los niveles y categorías de nuestro fútbol. Desde un ‘baby’ al que su mamá le calza las botas hasta el profesional que recibe grandes cantidades por lucirlas de alguna marca. Todos, cada uno en su universo y su medida, viven estos días de forma diferente. Las ilusiones no conocen de edad ni circunstancias y cada viernes se asoman a los miles de campos repartidos por el mundo para generar, por encima de todo, ese arte que amamos y que conocemos como fútbol.

Porque una hora y media es muy poco para la grandeza que existe detrás de cada encuentro, los futbolistas lo viven una y otra vez en sus mentes, y lo comparten con sus compañeros tratando de prever lo que sucederá. ¿Quién no ha imaginado que hacía ese gol decisivo, o detenía el penalti que le daba una victoria? ¿Cuántas veces se ha preparado una celebración especial, deseando marcar para hacerla y dedicarle el gol a esa persona que nunca falla? El momento en el que el entrenador da la convocatoria ya huele a partido, y te ves ahí, entre los elegidos para el día clave, como premio a todo el trabajo realizado durante la semana. Comienzas a pensar en ese césped con la grada al fondo y los tuyos apoyándote el fin de semana, y el corazón comienza a palpitar a ritmo del balón.

La noche suele pasar entre sueños y deseos, y a menudo acompañados de ese amigo y escudero en el campo, con esa bonita tradición de compartir noche con alguno del equipo. Informarse del rival, tener horas de charlas y conversaciones, con vídeos motivacionales o de la jugada perfecta de fondo, conforman la previa del choque. Al despertar, el día no se cuenta por horas, si no por el tiempo que falta para acudir al estadio.

Preparar la maleta y la ropa del fútbol, alimentarse de la mejor manera para rendir al máximo y recordar las últimas instrucciones del entrenador son los prolegómenos para emprender finalmente el camino al campo. Con ese cosquilleo en la barriga, con la música favorita para el momento y con la mente puesta en el pitido inicial del árbitro; así se acerca un futbolista a su destino. En el momento que comienza a vislumbrar la entrada al recinto deportivo, todo cambia. El chip de partido está más activado que nunca y ahí empieza otra fase de preparación. Cuando un partido ronda en la cabeza del jugador desde días antes de que se celebre, éste ya tiene mucho terreno ganado. Todo lo que hemos contado hasta ahora, para ser más exactos. Allí le espera su equipo, los que forman su segunda familia y los que viven y luchan cada día a su lado por defender los colores y el escudo que se lleva en el pecho.

A partir de aquí, el partido en sí ocupa toda la atención, pero ese ya es otro cantar. Después del mismo, aún queda un ‘tercer tiempo’, en el que camino a casa se reviven los momentos claves, se festeja o se sufre en silencio, pero aún con el eco del balón en los pensamientos y con la próxima jornada entre ceja y ceja. Es cierto que aún queda fin de semana por delante para disfrutar. Amigos, familia y buenos ratos que vivir, pero siempre con el fútbol en la cabeza, con lo que creemos que haremos o simplemente recordando eso que hicimos bien o mal. Para un verdadero futbolero una hora y media es insuficiente para albergar todo lo necesario para un partido. Por eso, simplemente por eso, el fútbol es mucho más que 90 minutos.